viernes, 26 de febrero de 2010

UN ESLABÓN EN LA CADENA (artículo)

El Reino Animal, la Flora y la Fauna, nuestros hermanos pequeños, los seres irracionales, grandes y pequeños, salvajes y domésticos que nos acompañan a lo largo de nuestra vida directa indirectamente en nuestro breve y significativo paso por la vida, son imprescindibles en ella, porque suponen un punto de conexión vital en un eslabón a cuya cadena pertenecemos los seres humanos; un eslabón que, de romperse resultaría catastrófico para el ecosistema, la naturaleza y nuestra propia permanencia en el planeta.

Por eso, el interés que despierta está bastante generalizado, afortunadamente. Es un tema que suscita polémica porque hay muchas excusas para ponerse en serio y en conjunción unánime para paliarlo. Excusas lógicas como son falta de recursos, de tiempo y no saber ni como empezar a solucionar un poco este problema que visto desde la galería no es tal pero si lo analizamos veremos que en verdad, los animales que hay en la Tierra son absolutamente necesarios; además si esto lo lee alguien que tenga una mascota en su casa o finca, verá que todo esto que digo es una confirmación de su propias ideas y sentimientos, seguro que se identifica con este despliegue de alabanzas hacia las mascotas.
Todos tienen alguna virtud y algún encanto. Sin ir más lejos, los perros son fieles compañeros, por algo se han ganado el título de “el mejor amigo del hombre”, son lazarillos, excelente guardianes, policías, aportan su esfuerzo ingente en trineos, etc. Son descendientes de los lobos pero han sido amaestrados por el hombre y han salido airosos de muchas contiendas, han salvado muchas vidas humanas a lo largo de la historia, incondicionalmente, sin pedir nada a cambio. Los gatos con su halo de misterio felino, son acompañantes silenciosos de muchos ancianos, niños y artistas, los escritores, pintores suelen tener un gato a su vera, observando como desarrollan su arte.
Dicen que los siameses en concreto dan suerte porque absorben la negatividad del ambiente; son creencias pero así y todo poner una mascota en la vida es contribuir a que estos seres vivan más y mejor y según estadísticas las personas tiene una esperanza de vida más larga con un promedio de unos diez años si conviven directamente con ellos. Aunque no los puedan tener o cuidar o no se dese encargase de ellos, al menos había que respetar a estos encantadores miembros del reino animal; a todos desde los que son domesticados y destinados a la compañía, pasando por las que son sacrificados para el alimento y terminando por las fieras que habitan en otros lugares y tierras y que sin ellos, como ocurre con los árboles que son los pulmones, el ecosistema se resquebrajaría, arrastrándonos a nosotros hacia un desastre seguro.
Deberíamos concienciarnos de todo esto porque es de interés común no solo para los que estamos i o también para las generaciones futuras.
¿Qué haría el hombre sin los animales en la Tierra? Además de aburrido, amorfo e ilógico, sería descabellado, absurdo y peligroso. Nuestros descendientes también querrán disfrutar del deleite que supone acariciar al pequeño tigre que es el gato, escuchar al loro, a la cotorra, el canto del un jilguero, beneficiarse de la ayuda del perro y respirar aire puro mientras damos un paseo a caballo, sin contar con darle un beso a un delfín e un acuario, reír con las gracias del mono y los juegos acuáticos de la focas. Todo esto y mucho más. No cuesta tanto trabajo aportar un granito de arena por pequeño que éste sea, por y para ellos.
Por el Reino Animal y sus derivados adjuntos. Es una gran aportación si lo miramos desde el punto de vista ecológico. La Tierra lo necesita, lo está pidiendo a voces, los animales lo necesitan y por si fuera poco, también es en nuestro propio beneficio.
A mí ni que decir tiene, me encantan los animales pero aunque no fuera así, lanzaría mi testimonio a favor de ellos porque el pensamiento humano es libre y le damos muchas vueltas alas cosas tratando de ver con claridad.
Es una gran verdad que están ahí porque tiene que estar. No dejemos que desaparezcan, el verlos después en los dibujos animados y en forma de fotografías, de pintura y películas como ocurre con los legendarios dinosaurios, sería como mirar al mundo en blanco y negro.




lunes, 22 de febrero de 2010

En el mar. "El piélago" como dicen los poetas

Ésta es una de esas fotos "pintorescas" que a veces me gusta tener en mi álbum. Un día cualquiera, una playa cualquiera y el mar en calma pueden ser el marco ideal para conseguir el efecto de formar parte de la playa sin el modo común de verse en ella. Algo diferente. Tal cual.

MASCOTAS: Animales de compañía


Quiero hacer un homenaje en mi blog a dos pequeños seres de cuatro patas pero llenos de ternura y cariño hacia sus amos que formaron parte de mi vida: la gata "Luna" durante ocho años y el perro "Rocky" a lo largo de doce. Dejaron una huella imborrable y nunca les olvidaré. Es más, tengo pensado escribir un libro hablando de ellos y de algunos más que también se fueron y de otros que afortunadamente siguen conmigo y espero que por mucho tiempo.
Los animales nos dan mucho a cambio de muy poco. El quererlos para mí es como estar en paz y armonía con la naturaleza.

Visitando NUEVA YORK


He estado en Nueva York hace algunos años. La "Gran Manzana" es monumental, fascinante y mágica. La imagen corresponde a esos días maravillosos en los que tuve la ocasión de disfrutar en esa ciudad y en concreto en ese momento de la belleza de Central Park.

domingo, 21 de febrero de 2010

CARNAVAL "CARNAVAL"; artículo


Se ha dicho que nos disfrazamos en Carnaval de lo que nos hubiera gustado ser o en su defecto: con ló que más nos identificamos.
¿A quién no le habría fascinado verse convertido como por arte de Magia Borrás en una princesa de cuanto de hadas o en una do esas sirenas a las que se atribuye una asombrosa belleza escultural y gélida sacada da un fiordo escandinavo?
Nos pueda atraer colocarnos un disfraz de demonio o de diablo con tridente incluido para divertirnos haciendo pequeñas travesuras haciendo: — (valga le redundancia) haciendo honor a lo que llevamos puesto. Si se opta por el de mago como por ejemplo: Merlín, te transportas a un mundo da “poderes”, que satisface cualquier fantasía utópica durante horas; solo se necesita una barba larga y espesa, una túniica flotante con los símbolos del zodíaco bordados y un gorro puntiagudo. Con eso, te puedes ver en el espejo e imaginar que todos los deseos se verán cumplidos como le ocurrió al Rey Arturo gua consiguió según dicen le corona de Inglaterra gracias a dicho mago.
Como quiera que sea, “la máscara”, “el disraz”, nos aparta da la rutina nos potencia o despierta en algunos casos el séptimo sentido que se llama: “humor” y nos obliga a olvidarnos de los problemas que llevamos a cuestas durante todo año y que debido precisamente al carnaval los arrinconamos y decimos: “Mañana buscaré solución. Hoy voy a salir a la calle y no quiero ser yo. Voy a ser un encantador e serpientes, un oso polar, la pantera rosa o una cabina de teléfonos ambulante”.
Claro que como todos está el reverso de la medalla; la otra cara de la moneda. Hubo carnavales que tuvieron un tinte trágico, alguien se aprovechó del anónimo, de la careta y se convirt;ió en semilla y cosecha de la violencia, pero no por eso vamos a desconfiar. Son casos aislados. En lugares donde el frío es el denominador común,la gente se ve obligada a usar disfraces abrigosos. En Tenerife y Brasil, el Carnaval se vive con un derroche da artilugios despampanante. Es un alarde de color, brillo, espectáculo y belleza flotante. La mutitud se lanza a la calle para vivir días de tributo al Carnaval a bombo y platillo. Es corno si estuvieran esperando todo el año con santo advenimiento para demostrar pública y mundialmanta que esa fiesta juega un “rol” imperecedero en sus vidas al que saben sacarle un partido innegable.
Donde las bajas temperaturas imperan no pueden hacer lo mismo porque el invierno les viene a recordar que ciertos disfraces no se puedan lucir como debieran al menos por la calle, pero aún así, se procura disfrutar del carnaval en locales donde las luces artificales se encargan de enfocar con luces de colores a la cara de “la abeja Maya”, “el ratoncito Pérez” o el mismísimo “Lucifer”
Hay detractoras del Carnaval paro lo cierto es que en líneas generales y sin entrar demasiado en disquisiciones o polémicas la risa es un terapia . El disparate sano, la exageración, la comedia, la alegría corvierten el mundo en un laboratorio de humor, y el humor es sano. El Carnaval entre otras cosas, provoca a raudales: Hilaridad.

sábado, 20 de febrero de 2010

VALORES ESENCIALES: Sin comentarios. (artículos)


Aunque no debe confundirse la educación con la instrucción, pueden ir entrelazadas, casi juntas y unirse perfectamente en armonia.
La eduación abraza la cultura total y completa de nuestra naturaleza y la instrucción se enfoca hacia la inteligencia y su objetivo es aportar los conocimientos necesarios para la formación del individuo pero en cambio influye solo indirectamente en la psiquis.
El poder de la educación es enorme y su eficacia indiscutible. Eduación es moral, ética, buenos modales, saber estar, comportarse en todo momento lo mejor posible, adatándose a las circunstancias. Leí una frase que alguien dijo en el pasado: “Educad a los niños para no tener que castigar a los hombres”. Es del todo cierto. La inteligencia es muy importante, aunque no va necesariamente unida a la referida educación. Alguien puede ser extraordinariamente inteligente (un superdotado) y su eduación brillar por su ausencia. Mientras que nos podemos encontrar con alguien de una eduación esmerada y exquisita y carecer de instrucción.
Es un don natural que se matiza con las buenas costumbres, la perfección de que el hombre es susceptible, implica desde luego la idea del bien y el que mejor y más lo lleve a cabo a todos los niveles y en todas sus manifestaciones, será el hombre que más tiende a ser perfecto. Pero esto es algo que se potencia desde 1a cuna y en adelante. Los mayores son los encargados de encauzar y dirigir al niño-a, ayudándole a desarrollar este don natural, susceptible de malear en la más amplia extensión de la palabra. Desde un principio, enseñar a distinguir lo bueno de lo malo, lo correcto de lo ilógico, es una tarea (por supuesto, ardua) de la que se tendrian que encargar los padres, tutores y maestros. No se le da la importancia que merece y las consecuancias no son precisamente positivas.
Porque se antoja una simpleza pero ¿a quién no le gusta que se le pida una cosa anteponiendo un “por favor” y terminando con un “gracias” como broche de oro? Que se pueda discutir un tema sin temor a que te agredan verbalmente, hablando como seres civilizados y dignos de toda consideración. Exponer un asunto buscando la equidad y la justicia para ambas partes, ceder el paso a una persona mayor, disculparse cuando tenemos la culpa o hemos errado, y sobre todo saber cuando obramos mal porque nadie es perfecto y rectificar es de sabios. Ponerse a cualquier altura al tratar con los demás: con un niño, un anciano, un ser marginado, un superor jerárquicamente, un subordinado; no despreciar a nadie, intentar ponerse en lugar del otro, (sentido empático). En fin, es bonito, ¿verdad? La educación es un valor definido, una cualidad intrinseca y potenciable, implica el amor a sí mismo y a los demás. Supone agrandarse como ser humano y una forma de hacerse respetar. Es una virtud especial para quien la posee y para quien la disfruta de cerca. Deberla ser una asignatura y apostar por ella.

jueves, 18 de febrero de 2010

CARBÓN Y SEDA (Relato de la obra: RELATOS TRASLÚCIDOS


La transformación carnaleónica que pueda experimentar una persona a lo largo de los años llega a ser impresionante. Alguien que habías conocido con una personalidad normal y corriente se convierte en su ser carismático y fascinante que impacta con su sola presencia sin que se manifieste con gestos y palabras. ¿Cómo se produce el cambio? Se lo pregunta a Marga una amiga estudiante de psicología que no pudo terminar la carrera por motivos familiares pero que sabía muchísimo de caracteres, doble personalidad, psiquis y todo eso. No supo darme una respuesta coherente o al menos a mí no me convenció. Damián fue mi compañero sentimental durante un año. Un año en el que me di cuenta que ciertas diferencias en la pareja pueden jugar un papel tan importante como hablar idiomas distintos, poseer culturas opuestas o la disparidad generacional de la edad. Me decía que el amor es más fuerte que nada pero yo no pude soportar que un día me presentara a dos de sus amigos a los que él consideraba como hermanos y me trataran con excesiva confianza dando por hecho que siendo la pareja de su amigo les daba derecho a tomarse libertades que nadie les había concedido ni por asomo. Se mostraron casi groseros conmigo. Acabé propinándole un empujón a uno de ellos y salí corriendo con los ojos empapados de lágrimas. Lágrimas de impotencia y de rabia.
Damián los defendió a capa y espada alegando simplemente que era su forma de ser; rústica pero noble, sin dobleces, sin trastienda; mi orgullo pudo más que mi amor por él porque ese mismo día nos dijimos “adiós” en el segundo escalón del portal de mi casa.
Mi profesión me mantuvo durante un tiempo entretenida. Los diseños que con tanto entusiasmo brotaban de mi imaginación y se materializaban a través de mis manos, obraban al menos superficialmente el milagro de despejar de recuerdos dolorosos, imágenes contrapuestas y las delicias de un amor escabroso y determinante que marcó una etapa de mi vida sin que dejara precisamente una huella indeleble y como contrapunto una herida incapaz de cicatrizar. Me dediqué en cuerpo y alma al mundo de la moda. Mi guardarropa se incrementó considerablemente teniendo como principal protagonista la seda. Era como si quisiera contrarrestar los efectos negativos del fracaso sentimental con la satisfacción de verme cada día más favorecida con mi propia creatividad marcando el camino.
Pero la soledad me acompañaba... valga la redundancia. El chico que había trabajado en una mina y que llenaba un escrito de faltas de ortografia no se había borrado de mi cerebro. Y cuando intentaba desmentir mi propio concepto de la situación se corroboraba plenamente la realidad más clara y diáfana. Por eso cuando me llamó un viernes a las diez de la noche después de dos años me quedé tan sorprendida como confusa. No supe que contestar y opté por colgar el teléfono en medio de una frase suya, ni siquiera me despedí. La conclusión final era que me estaba engañando a mí misma. Mi deseo de hablar con él y aclarar lo sucedido me llevaba justamente al efecto contrario: “esconder la cabeza bajo el ala”.
Después de una larga reflexión me dije que no merecía la pena darle más vueltas. No debía tropezar dos veces en la misma piedra. Damián y yo no estábamos hechos el uno para el otro.
Borrón y cuenta nueva.
Pasó un año y monté una tienda de alta costura, donde por supuesto, los lánguidos, envolventes y deslizantes conjuntos de seda brillaban con luz propia amparados bajo la firma de mi propio nombre como sello oficial.
Marga y yo hicimos un viaje juntas a Nueva York. La gran Manzana y sus fastuosos rascacielos me recordaron inexplicablemente a Damián.
- Nuria, eso si que no tiene sentido. Esta ciudad no tiene nada que ver con Damián. Sería lógico que te lo recordara si hubieras estado aquí con él. Lo que no entiendo es porque lecolgaste el teléfono sin más. En el fondo te gustaría volver con él.
- Es posible. No lo sé. La mente humana es un cúmulo de contradicciones. Nos empeñamos en buscar respuestas donde no las hay, nos cerramos en banda cuando tenemos la explicación fácil y al alcance de la mano.
Me matriculé en un curso de Yoga. La meditación transcendental y el encuentro con mi propio “yo”, me sumieron en una especie de bálsamo. Me empecé a sentir con más ánimos, diminuyendo así las ambigüedades en mi interior.
Acudí a una reunión de gente de negocios porque yo misma era una de las principales promotoras. El marketing, la publicidad y los acuerdos comerciales se daban cita en un hotel de cinco estrellas que tendría como broche de oro una cena amistosa. Cuando levanté mi copa para brindar con otros dos empresarios alguien a mi espalda pronunció un: “chin-chin” tan sonoro que nos hizo volver la cabeza tanto a mí como a los otros dos.
Era Damián con un indefinible aspecto. Era él pero nadie que no le conociera muy bien sería incapaz de reconocerlo. Su elegancia superaba con mucho la de cualquier presente. Era como un representante de la moda y el diseño, desfilando por una pasarela consciente del efecto que causaba por doquier. Cuando hice un aparte para hablar con él, nuestras miradas lo decían todo. Marga tenía razón al decir que Damián estaba presente en mi vida a pesar de mi lucha por desvanecer su imagen. Ahora me arrepentía de no haberle escuchado cuando me llamó por teléfono. Ahora delante de él, en persona, me sentía incómoda. No tenía palabras. Me limité a interrogarle con la mirada.
- Ya no soy el de antes pero soy el mismo. Estoy aquí y ahora. El mañana está por ver.
- Eso es un juego de palabras, Damián.
- Sí. Porque la vida es un juego. Tú jugaste a olvidarme y yo jugué a demostrarte que te habías equivocado. Es un reto. La vida es un reto.
- Y ahora ¿qué? —dije sin más.
- Ahora el destino será el que juegue,como siempre dirá su última palabra, ¿no te parece justo?
Hablamos largo y tendido, lo aclaramos todo. El pasado se convirtió en el tema principal de la conversación y yo por fin me sentí a gusto. Damián me estaba demostrando que cualquiera puede cambiar, que el afán de superación puede llegar a alcanzar importantes logros y que no se debe romper sin aclarar antes las cosas.
 
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